La Incorporación de “Las Nativas” dentro del Arbolado Urbano

ecotraslasierraLas plantas autóctonas (o nativas) son importantes para mantener la estabilidad de los ecosistemas. Cuando hablamos de plantas nativas, nos referimos a una serie de especies que han evolucionado con rasgos morfológicos únicos, de acuerdo a las condiciones climáticas de cada región, durante años.

Traslasierra se encuentra en la ecorregión del “Bosque Chaqueño” donde la característica más sobresaliente de esta región, es la escasees de agua. Las precipitaciones se producen en los meses que van, desde octubre a marzo y con un prolongado periodo de sequía.

Otras cualidades resaltantes de esta región son la presencia de suelos pobres en materia orgánica y la presencia de vientos, lo que se traduce en una falta de humedad en el suelo y a nivel atmosférico. Todas estas condiciones han llevado a las especies vegetales presenten características  xerófitas –hojas pequeñas, cutícula gruesa, raíces profundas, muchas de las especies poseen espinas-El conjunto de estas modificaciones les sirven a las plantas para evitar la menor perdida de agua, a través del proceso de evapotranspiración, durante los días cálidos, por esta razón se puede afirmar que el uso del agua que hacen las autóctonas, esta adaptado y controlado.

Cada especie (animal o vegetal) existe dentro de un ecosistema porque a lo largo de miles de años evolucionó, ocupando un determinado nicho ecológico (papel que cumple la especie dentro del ecosistema)  Esta asociación de seres vivos es la que permite enriquecer una basta red de vínculos y por consiguiente aumenta la biodiversidad.

La incorporación de las plantas nativas dentro de los ambientes urbanos,  han tomado, en estos últimos años,  una nueva revalorización por la influencia positiva que ejercen en el medio ambiente. El arbolado público constituye un elemento indispensable para garantizar unos ciertos niveles de calidad de vida. Al margen de las funciones estéticas que desempeña, esta vegetación ayuda a  regular el clima, filtra la polución microbiana, reduce la contaminación atmosférica y atenúa los ruidos. Sin embargo, pocos son los ayuntamientos que otorgan a este patrimonio el valor que merece. Las zonas verdes son un recurso clásico para combatir algunos de esos fenómenos que, en muchos casos, hacen poco habitables nuestras ciudades. La vegetación urbana actúa como un refrigerador natural, regulando además el intercambio de aire. El ambiente se humedece gracias a la evaporación del agua a través de las hojas y así, una calle arbolada puede registrar dos o tres grados menos de temperatura que otra en la que no existan árboles. Igualmente, en lo que se refiere a la contaminación atmosférica, parques y jardines se comportan como auténticos  filtros. En comparación con las zonas sin vegetación, los espacios verdes son capaces de reducir la polución ambiental entre un 10 y un 20 por ciento. Un solo árbol, de gran porte, puede recoger en un año hasta 200 kilos de partículas contaminantes, que quedan fijadas y posteriormente lavadas con el agua de lluvia.

La contaminación acústica encuentra también una barrera efectiva en las zonas arboladas, dependiendo del tipo de especies, aunque en todos los casos se muestran especialmente útiles para absorber ruidos de baja frecuencia. Por último, y esta es una función que raramente se destaca, las zonas verdes urbanas destruyen un buen número de microorganismos patógenos, principalmente gérmenes que afectan a las vías respiratorias. Debido a la presencia de una serie de compuestos producidos por las plantas, llamados fitoncidas y que tienen una acción claramente antibiótica; se ha comprobado que la presencia de este tipo de gérmenes en la atmósfera, es inversamente proporcional al número de árboles que crecen en la zona de estudio. Desgraciadamente, y a pesar de todas estas virtudes, en la mayoría de las ciudades se tiende a incrementar la superficie arbolada de acuerdo a criterios cuantitativos más que cualitativos, de manera que han proliferado no solo las plantaciones de especies exóticas, sino demasiado densas. En estas circunstancias los árboles urbanos ven reducidas de manera notable su esperanza de vida, factor muy sensible a métodos incorrectos de plantación, podas drásticas y a la presencia de enfermedades (hongos, virus y parásitos) Si hace algunas décadas determinadas especies, aún estando rodeadas de asfalto, podían vivir cien o doscientos años, hoy los mismos árboles difícilmente alcanzan el medio siglo. Con el deterioro actual de la calidad de vida de los habitantes de la ciudad, y las altas tasas de contaminación acústica, visual y atmosférica, el arbolado urbano y los espacios verdes se convierten en las principales esferas de amortiguación del deterioro ambiental y salubre del espacio urbano. Sin duda alguna, el arbolado urbano es una política de Estado.

Su desarrollo, protección y proyección debe ser un eje central y transversal de toda política pública ambiental. Por ello, es fundamental incentivarlo por medio de la promoción de los espacios verdes y la conservación y cuidado de los mismos. A nivel general, el arbolado urbano implica una acción frente a la problemática global del cambio climático, representa un ejercicio contra el efecto de la isla de calor, y principalmente favorece la buena salud, humana y ambiental, para los habitantes de la ciudad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su preocupación por la salud pública, trabajó sobre los espacios verdes en las ciudades y ha establecido que es necesario que cada ciudad tenga 9 m2 de área verde por habitante como proporción mínima. En base a esta planificación puedo decir que son muchas las ciudades y pueblos de Córdoba se encuentran alejados de dicha realidad. Como ciudadanos debemos comprometernos a realizar un uso y cuidado amigable hacia el árbol, proteger su espacio y hacer cumplir las leyes y esferas que son de uso público, de recreación y descanso.
Por ello, es un compromiso colectivo pero también individual y es elemental poder generar políticas educacionales desde diferentes ámbitos – escuelas e instituciones escolares, universidades, iglesias, clubes, centros, comercios, empresas, cámaras, municipales, ONGs- incentivando el cuidado la conservación, la forestación con árboles nativos, el desarrollo de espacios verdes, con una poda responsable, deben ser políticas de todo municipio, pero también así debe verse reflejado el compromiso de los vecinos, a reforestar con nativas.

Contrariamente a lo que dicen los especialistas, en nuestra provincia de Córdoba la tendencia es forestar con especies exóticas -plantas de escaso valor estético, que generan graves problemas al ambiente y daños económicos a los vecinos- Cuando hablamos de exóticas nos estamos refiriendo aquellas plantas que llegaron con los inmigrantes traídas en su mayoría de Europa y Asia -pino, crateus, mora, ligustro (siempreverde), paraíso, palmera excelsa, eucalipto, álamo- y otras que son de America pero de regiones con mayor precipitación –palmera pindó, acacia negra, lapacho, olmo-                                                                             Esta incorporaciones trajeron aparejados en nuestro país algunos cambios en el paisaje y muchas veces invadieron y se trasformaron en plagas desplazando a nuestra vegetación y dañando ambientes natural.

Se ha instalado el concepto de que plantar árboles es bueno y lamentablemente no es del todo así, si plantamos cualquier planta de otro lugar no colaboramos con el medio. Están consideradas plagas nacionales el paraíso, la mora, el ligustro, los álamos, el fresno, la acacia negra y el eucalipto, auque menos invasivo, pero no es para poner en cualquier lugar ya que consume unos 300 litros de agua por día y si no se lo riega bien seca todo a su alredor, generando manchones de salitre inutilizando los suelos. Además especies como la cotorra se han asilvestrado en este tipo de plantas y anidan a más de 20 metros de altura, cuando antes lo hacían en talas, espinillos o algarrobos, donde las poblaciones de estas aves eran controladas por las comadrejas o víboras.

La principal oposición a reforestar con exóticas tiene su base en el alto consumo de agua. Estas plantas necesitan un riego permanente y hasta veces exagerado, sino corren el riesgo de morir; si a esto lo traducimos en dinero, en horas de trabajo de empleados y en el gasto de gasoil para el traslado del agua, el municipio invierte una cantidad de dinero, el cual se podría usar en obras.

Sin embargo no es solo este problema que afecta a lo económico las plantas introducidas dentro del arbolado urbano, en muchos casos,  generan daños económicos al municipio y a los vecinos. Estos daños van desde levantamientos de veredas y cimientos a rasgaduras de paredes y techos, rupturas de cloacas y pozos negros, ya que las mismas en su afán de buscar agua destruyen todo lo que se encuentra a su paso.

Objetivo General.

Incorporar las nativas dentro del arbolado público, para mejorar las condiciones biológicas, físicas y ambientales de los centros urbanos. Contribuyendo con la biodiversidad del lugar.

Expositor:

Prof. S. Alberto Martínez – ONG, EcoTraslasierra, Villa Dolores

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